Mi Intensa Fiord!

Frío, hace mucho frío. Son las 9.30am y se siente como si fueran dos horas menos. Algunos están calentando afuera, yo elongo. Tengo temor de esas lesiones que aparecen a mitad de carrera. Quizás debiera calentar, pero me quedan 48kms por delante y no estoy segura de querer gastar un poco de mi energía. Hace frío, y el frío consume el doble.

No sé si sacarme la parka pluma que llevo bajo el cortaviento, aunque sé que apenas me ponga a correr entraré en calor… ¡pucha que transpiro!  Mejor me la saco y la dejo como apoyo en caso de que haga mucho frío más adelante. Sí, mejor me la saco. Me tengo que apurar, esto está por comenzar: 6, 5, 4, 3, 2, 1… ¡largamos!

No tengo claro por dónde va el sendero, sé que es por lugares que no conozco y eso me anima, me motiva. Estoy nerviosa, no miré bien los mapas, la verdad es que solo me preocupé del frío del que nos advirtieron. Tengo mucho nervio, la montaña puede ser dura y estamos en la Patagonia, y yo a esta señorita la conozco, pero siempre me sorprende.

Al comienzo es plano, tranquilo, tratamos de esquivar un primer riachuelo (si supiéramos que después ni lo pensaremos y será “al agua pato” nomás). Empieza el primer ascenso, se supone que son dos los más definidos y empinados, el resto es plano y a ratos algunas pequeñas subidas y bajadas … ¡pucha que me cuestan! Pero vamos que se puede, paso a paso, de a poco, cada vez pesarán menos.

Me adelantan algunos corredores, yo voy pasando a otros y empiezo a darme cuenta de que varios de ellos son los que vienen corriendo hace horas, ¡esos valientes de las 100M! ¡Qué gente! Y pensar que a mí mis amigos me encuentran loca… ¿qué pensarán de ellos?, ¿qué pensarán el día en que yo decida lanzarme a algo así?, ¿lo haré alguna vez? Me río. Me encanta esto, ¡estoy feliz! Y me dan ganas de gritarlo al viento a ver quién más se contagia, pero me contengo (después lo haré igual).

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El Valle luego del paso cordillerano… simplemente una belleza!

Son varias las ideas que vagan por la cabeza cuando uno va por estos senderos, sobre todo porque esta vez decidí correr sin música y escuchar lo que la Patagonia tiene que decirme. Es tan rica la sensación que se genera, ese estado meditativo en que el tiempo deja de pasar y uno se concentra en la respiración,  en llevar bien ese oxígeno a los músculos para que respondan bien. Vuelvo al mundo y pienso banalidades, vuelvo a entrar en trance.

Partí corriendo con la Isa Gutierrez y Nelsón Avilés, que al poco rato quedaron atrás por problemas técnicos de ropa, pero ahora ya me alcanzan y gozamos. De verdad que es un goce supremo el que estoy sintiendo. Estamos embobados. Qué belleza lo que tenemos al frente: el otoño en todo su esplendor en conjunto con la nieve hacen que estos parajes se transformen en un idilio. No puedo perder la oportunidad de mirarlos, así que paramos, sacamos fotos, miro nuevamente, observo dónde estoy y doy gracias al Universo por la posibilidad de estar parada en un escenario como este.

Nos pasa Moisés Jimenez, que viene de los 62K… ¡pucha que corre rápido este mono! Lo animo, ¡es seco! Que alegría ver que va bien y feliz,  rápido. Lo viene alcanzando el español que a unos 20 metros de distancia me pregunta si tengo un gel extra para darle, le paso uno y me dice: “A ver si con esto alcanzo al que va adelante”, y yo le respondo: “¡Cuidado ahí, que es mi coach!”.

Seguimos corriendo, sube y baja, ¡fotos!, disfrute… ¡belleza pura!

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Cruzando los bosques de lenga… simplemente puro placer (foto de Eduardo Hernandez)

Se acabaron los árboles, ¿cómo? ¿Tan luego ya estamos en la meseta de la cordillera del Chacabuco? ¡Wow! Se me hizo nada, ¡pero por la cresta que hace frío! Paro a rellenar agua, pero no queda. Veo que ahí está la Andrea, qué rico es toparse con amigos en el camino, y en especial con una crack que viene corriendo las 100M. Está cansada, pero bien. “¿Saquémonos fotos?” Posamos. “¿Vas bien?” “¡Sí!, cansada. ¿Tú?” “Súper, ¡feliz! Se pasó esta carrera ¿o no?” Ambas nos miramos y asentimos: ¡Preciosa!

Yo sigo, la dejo sacando fotos. Ojalá que siga así y logre su objetivo, es lo único que pienso hasta que veo a la Isa. Aún sigue en shorts, empezando a cruzar esta tormenta de viento blanco que se nos viene encima. ¡Joder! Pero ¿¡qué está haciendo!? Corro hasta alcanzarla y la reto. ¿¡Qué haces en shorts!? ¡Tienes que ponerte tus calzas!

Es toda una odisea porque ya está con signos de hipotermia, para mí, severa, entrando en un mini estado de shock. No puede parar, se congela más y no hay dónde resguardarse; pero si no le ponemos las calzas largas encima, la historia seguro será otra.

Lo logramos, pero no ayuda mucho porque se las pusimos al revés y se le empezaron a caer. Su frío es extremo y no puede correr así. Trato de que vayamos juntas, la agarro del brazo y me pongo  a trotar, a ver si entra en calor. Poco se logra. Calentador de manos, mi buff extra en su cadera para que no se le caigan las calzas, aguantar hasta el próximo punto de control donde ojalá la puedan asistir. Pero el frío me empieza a carcomer, venía demasiado bien y mi cuerpo ahora empieza a alertarme: ya no siento mis manos y los dedos de los pies son otra historia. “Amiga, lo siento, tengo que seguir… Nelson, ¿tú te quedas con ella? Daré aviso en el punto que viene”. Me voy. ¡Me sentí tan pero tan mal de dejarlos!, pero a ese paso íbamos a ponernos las dos hipotérmicas.

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La nieve empieza a hacer de lo suyo… menos mal estoy tapada hastsa mas no poder y con los mejores calcetines ever, pero igual dejé de sentir mis pies en un minuto.

En el punto de control la respuesta es insólita.  Me dicen que cuando llegue la Isa ellos la alentarán! Me da una rabía! ¿Entenderán que viene congelada y lo que necesita es algo caliente y descansar? Quizás no es mucho lo que pueden hacer desde ahí, pero esperaba más, por lo menos un: Tranquila, cuando llegue nosotros la vemos! (después supe que si la asistieron y se logró recomponer para terminar la carrera y sacar podio en su categoría, seca!)

Sigo, estoy feliz, ¡me siento bien! Puedo correr sin problemas, aunque con cuidado, porque veo poco: la nieve no deja ver claro y es peligrosa cuando son lajas las que vas pisando. De repente,  me topo con Ángel Omar. ¡Qué mostro!, viene de las 100M, debilucho y cansado, pero bien. Lo acompaño un rato entonces y le doy ánimo.

Salimos de la meseta y entramos nuevamente en el barroso bosque: un tobogán de barro, cruce de ríos gélidos, cargados de agua glaciar. Ángel viene cansado. Le pregunto si ha comido, si ha tomado agua… me responde que no mucho. Decido quedarme con él un rato hasta verlo mejor. Le duelen las piernas.

Seguimos por el bosque, nos sacamos fotos también. Nos adelantan y adelantamos corredores. ¡Qué rico es ver caras conocidas en el sendero! Trato de animar a los que vamos pasando y que vienen más cansados. ¡Vamos que se puede! ¿Necesitas algo? ¿Estás bien? Para mí, preguntas básicas para saber si están ok.

Yo sigo absorta en la belleza en la que estoy sumergida. Son bosques, turbas, ríos puros que vienen directo de los glaciares. Empiezo a alejarme un poco, estoy feliz de lo bien que me siento… ¡pero hace frío!

¡Un fogón! ¡Qué delicia! ¡No quiero moverme más de acá! Tallarines calientes, un placer para mi cuerpo y mi mente. Es rico estar en torno al fuego conversando con más corredores. Sigo… ahora sí que no quiero parar. Me quedan 20kms y voy atrasada según el tiempo que tenía pensado hacer… veamos cómo me responde el cuerpo.

Sigo feliz entre trotes, caminatas y buenas conversas con la gente que me voy topando hasta llegar a un bosque donde cuatro corredores que vamos juntos decidimos  prender las frontales y… ¡wow! Se me abre un mundo. Tengo la misma sensación de cuando hice mi primer buceo nocturno, una seguridad y un llamado enormes de ese abismo que se genera en la oscuridad. No quiero seguir caminando, así que mi remedio es un gel para adentro y no dejar de correr… correr, no trotar.  Corro feliz, saltando raíces, buscando las marcas… jamás he gozado correr de noche como lo estoy haciendo ahora. ¡Me siento bien y eso me pone muy feliz! Gracias papá y mamá porque sé que me cuidan desde donde están y eso me da fuerzas, empuje y ganas de seguir.

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El camino estaba marcado, por la huella de los demás corredores… bosques mágicos que te cuidaban y protegian (foto de Leonardo Olivares)

Barro de nuevo… ¡cueck, hasta las rodillas! Ya me río con esto, creo que siempre lo había esquivado hasta este día. Se ve menos, me resbalo, me caigo. La tercera caída de la carrera, pienso, pero bueno, a levantarse y seguir, queda poco. Mi reloj dice batería baja, ¡pero me marca el Km 45, me quedan 3!

Me topo co Rodrigo Lara que viene de las 100M al que le pido agua. Estoy  sedienta de agua, tengo el camelbag lleno de isotónico, pero mi garganta ya no soporta una gota más de minerales. Él  me cuenta que cuando me puse a correr en el bosque, fui su inspiración para dejar de caminar y ponerse a correr. ¡Es tan rico saber que uno produce este tipo de cosas en otros corredores! Y seguimos juntos por un kilómetro. Me cuenta que cree no va a seguir después de Perales, que está cansado y el clima lo tiene agotado. Lo animo a seguir, que se dé una ducha en Perales, coma algo calientito, duerma 20 minutos y siga. Más adelante me alegró saber que así lo hizo apoyado por otros corredores más que estaban en el puesto.

Y veo las luces, hay corredores detrás mío y vuelvo a correr, ya quiero llegar. Sale lo poco competitiva que soy. Corro, corro, voy llegando al final. Me muestran por dónde está la meta, y ¡un rÍo! Hay que cruzarlo y el agua llega a las rodillas. Qué bien que le hará esto a mis piernas, pienso, y ya no queda nada de nada. ¿Dónde está la meta? Veo a un grupo de gente que me alumbra un sector y me dicen, por aquí! ¡La cruzo! Quiero llorar, pero me río… es pura y simple felicidad lo que me inunda, ¡qué grande! Acabo de terminar los 48K más duros, pero más lindos e intensos que he corrido jamás… ¡Ansío ya la versión 2017!

Y no puedo mas que agradecer y sentir ¡GRACIAS A LA VIDA, QUE ME HA DADO TANTO!

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Foto de la Andrea Lopez, empezando a salir a la meseta cordillerana, aún me quedaban 40 kms aprox, pero la felicidad de estar en un lugar así es extrema!

  • Agradezco mil a Animal Trail por llevarme al cerro y estar siempre apoyando a sus corredores, a mis mañanas en KMP dándole duro al core y piernas, gracias a Moi y a Adidas Chile por creer en el Proyecto Carola y a mi familia y amigos que aunque me consideren loca, me apoyan y siguen paso a paso… son un tremendo empuje y apoyo siempre!

*Al día siguiente supe de la triste noticia de Arturo Martínez, corredor mexicano que murió en competencia. Son muchos los sentimientos y pensamientos que se me vienen a la mente cuando suceden estas cosas… quedará para otro post. Solo puedo decir que murió haciendo algo que le apasionaba, en uno de los lugares más lindos del planeta, pero tenemos que hacer mea culpas y cambios en la planificación y organización de este tipo de carreras.

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