Pensé costaría menos

 

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La vecina – Sagrada Familia – Foto Carola Fresno

Pensé que costaría menos. Bueno, la verdad, no pensé siquiera que costaría algo. Nadie me avisó que podría llegar a tener un grado negativo. Y es que quizás idealicé. ¡Bah! ¡Qué raro yo idealizando algo! Quizás hice un flashback a aquella vez en que salí arrancando de Santiago destino a Patagonia tan llena de ganas de cambios y una vida nueva, que pensé sería igual. No contaba con esta vez no querer salir arrancando. No contaba con esta vez tener pena de irme. Mirar a mis “villanos favoritos” y querer abrazarlos y comérmelos a besos. No contaba con haber estado pasándolo muy bien el último tiempo en la capital (que reconozco a veces me agobia), y que mi des/rutina con mis amigos estaba muy entretenida. Y que esta vez, llegar a un lugar que no es tu hogar, donde no tienes amigos íntimos y comenzar una vida “de cero”, no iba a ser fácil. Qué ilusa yo de haber pensado que sí lo sería.

 

Hace un mes me subí al avión, y fué hace 4 dias que caminando por la calle de regreso de haber ido a buscar un pisito usado que compré por 8 euros, para darle un toque más propio a mi pieza, me sentí feliz de estar donde estoy. Tranquila con la decisión tomada. No sabría decir por qué fue justo ahí y no antes o después, pero fue en ese momento.

 

 

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Casa Batllo y la manzana de la discordia – Foto Carola Fresno

 

La primera semana estuve a punto de tomar un avión de regreso más de 2 veces. ¿Y es que, si alguien me dijo que armar tu vida sola en otro país iba a ser fácil, ¡se equivocó! A ver, yo me muevo sola normalmente y sé que soy una persona súper sociable y hacerme amigos normalmente no me cuesta; pero también soy una afortunada de la vida de que si quiero, tengo un grupo humano a quién recurrir y en quién me apoyo día a día. ¡Y esas caras ya no estaban para mirarlas (a pesar de que facetime ayuda)! Y, aunque no lo crean, el salir a recorrer yo y mi alma una ciudad que no conozco, se me estaba haciendo muy difícil, a pesar de que a los pocos kilómetros caminados se disfruta.

Cuando te vas a vivir a otro lugar, llegas a un espacio que es un constante salir de tu zona de confort. La gente que “conoces” tiene su vida armada y tú tienes que hacerte un lugar en ellas. Tienes que lograr que quieran estar contigo, que llenes sus espacios vacíos también, pero esto toma tiempo. (prometo estar trabajando para ello)

 

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La secada de ropa – Foto Carola Fresno

 

En ese tiempo, que puede demorar dias para unos, y meses para otros, te dedicas a caminar, a conocer la ciudad y a ver qué cosas pueden suceder cuando estas sola. El armarte una mini rutina que le haga a tu cabeza sentir que está haciendo algo “cuerdo” y que vas bien encaminada hace que algunas preguntas logren alejarse un poco y te dejen mas tranquila, sobre todo cuando sientes ya comienzas a tener tu “nuevo mundo” que personalmente, hasta que no conocí a mis compañeros del Master, y a un par de nuevos personajes que estoy atesorando con la vida (porque son adorables), no tenía.

 

 

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Paseando con los nuevos amigos

 

Hace casi ya un año tomé una decisión, que no fue fácil. Quería un año para mí. No estaba segura cómo llevar a cabo esto. Si partir a viajar por el mundo en modo sabático, moverme a otro lugar y rearmarme desde otra perspectiva, estudiar y aprovechar el cambio de estatuto para repensar cosas, etc. Sólo sabía que los últimos 2 años habían sido muy difíciles, y a pesar de que tenía una pega “soñada”, que me generaba mil energía corriendo por los cerros de la capital y de donde se me ocurriera viajar, y manejaba mi tiempo bastante como yo quería, me faltaba algo que tenía que buscar. La decisión final no recuerdo bien cómo llegó, pero aquí estoy.

Llegué a Barcelona cinco días antes de que mis clases comenzaran. Casi una semana que se me hizo una eternidad mientras recorría las calles de la ciudad que sería mi nuevo hogar por los próximos 10 meses.

 

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Instalación de Simon en Llum Barcelona – Foto Carola Fresno

 

Todos creemos que tener tiempo libre es la panacea, porque haremos tantas cosas que no podemos hacer en nuestras vidas “comunes y corrientes”. Pero cuando ese momento llegó, personalmente, me congelé por un rato. Retrocedí en el tiempo y sentí esa exposición que a algunos frena a ratos, como cuando me mezclaban en el colegio y el primer día de clases iba totalmente ansiosa por saber quiénes iban a ser mis nuevas compañeras de curso y llegaba con todas las ganas de conocerlas, jugar y rearmar grupos, pero quedaba congelada en la puerta por unos segundos mientras veía la lista pegada en una pared y le decía a mi mente/cuerpo que se venían cambios.

Hoy, después de un mes de haber partido, me siento por fin cómoda, más segura y llena de ganas de aprovechar el tiempo al máximo. De no dejar que esas preguntas e inconclusas me coman la cabeza cada dos o tres días. Muchos pensarán, pero si no ha parado desde que llegaste, pero la verdad, me he sentidoo bien estática. He corrido la nada misma, no he escalado nada, me he visto 2 series seguidas y me que comido dos libros. Me lo he caminado todo (eso sí), y di la vida un fin de semana sanador y necesario en Madrid (¡gracias Sandra y Matias por eso!) pero estoy segura de que ahora ya sí.

 

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con Sandra y Matias en Madrid – selfie

 

Necesité casi un mes, y es que soy de procesos lentos (eso lo sabe cualquiera que me conoce bien), pero es como que si ya con mi pieza armada con mis muebles (a mi manera, porque no es que no tuviera muebles), hubieran llegado esas ganas de volver a salir a jugar. Esa necesidad de no parar, de contar historias y estar generando más contenido que nunca.

 

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Paseo a Benasque con la Laura y Pacita – foto de M.Paz Maldonado

 

Hace 4 dias cargué la cámara nuevamente.

Hace 3  partí el día con un mini trote y antes de ayer con una deli clase de yoga trapecio que esperaba con ansias. Ayer celebré en el cumple de una amiga (hasta con torta y pasteles chilenos), y hoy Domingo fue dia de ponerme nuevamente mis zapatillas para recorrer algunos senderos perdidos en un bosque, por el que seguramente volveré a correr!

 

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Cuando te da por correr medias maratónes sin entrenar – Autofoto

 

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