¿Porqué corro? (o al menos lo intento)

Hace un año y medio en la revista Outside Chile publicaron un artículo sobre por qué me gusta correr y cómo comenzó esta etapa de mi vida que hizo todo cambiara. Los viajes pasaron de ser mayormente culturales, a escusas viajeras en donde poder correr. Los fines de semana si el destino no tiene sendero cerca, deja de ser tentador. Los viernes ya no estaban destinados a ir al local de moda, sino a comer sano y dormirse temprano, y así suma y sigue.  Pero me di cuenta que aquí, donde a veces traspaso mis pensamientos y experiencias mas profundas y marcadoras, no lo había hecho. Por lo que decidí tomarme de ese artículo para contarles el por qué, a pesar de que a veces dejo de hacerlo, corro. Y viajo para correr.

Todo aquél que me conoce, sabe que me fascina viajar. Ya sea escaparse por un fin de semana fuera de Santiago, a un largo viaje de meses. Y es que me encanta conocer lugares nuevos y vivir experiencias distintas, porque la idea de que somos muchos y tan diferentes simplemente me alucina.

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Canyonlands en Utah, USA, Runology 2017

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Half Dome en Yosemite, 2016

Toda mi vida he sido inquieta. Apenas pude empecé a recorrer Chile y el mundo viajando con amigas. Estuve en clases de distintos tipos de baile y la torre de libros en mi velador nunca baja; pero fue a los veinticinco años que empezó este gustito por viajar de manera más outdoor, haciendo caminatas, camping y cuanta actividad se cruzará en el camino.

Empecé a trotar en calle para mantenerme en forma y ver si bajaba algo de peso. El clásico preverano que muchos nos mandamos. Con unas amigas salíamos dos o tres veces por semana y considerábamos que 10k ya eran casi una maratón. Jamás imaginé que luego correría hasta 50K en cerro!. Pero fue viviendo en Patagonia cuando el gustito por correr en el cerro empezó a desarrollarse, sobre todo cuando al correr sentía ese aire frío y me topaba con recientes pisadas de puma. Recuerdo perfecto cuando en medio de un trote paraba y me daba unos segundos para mirar lo que tenía en frente. ¡No podía creer que existiera tanta belleza junta!. Y el tema es que de a poco esa sensación comenzó a hacerse necesaria siempre.

Ya viviendo en Santiago no podía dejar de requerir, anímica y biológicamente, esas sensaciones, por lo que decidí meterme a un grupo de trail running y ponerme a entrenar.

Obviamente no fue fácil, me lo quise tomar en serio, por lo que partí con  varios entrenamientos semanales, y control nutricional una vez cada dos  meses. Luego, olvídate de un viernes salir por la noche, el sábado te toca un largo de por lo menos 3 horas. ¿Y en la semana? Tampoco mucho, se entrena AM algunos días, por lo que uno debe acostarse temprano el día antes, y luego a veces se corre en las tardes también, por lo que cualquier comida semanal pasa a ser un gran evento, ya que igual a veces uno se salta entrenamientos si la cita lo amerita. En el fondo, es un cambio de vida y un switch que, a pesar de que uno diga es un pasatiempo, entre nos, es más un estilo de vida que debo reconocer me costó, ¡pero me fascina!

A veces, cuando voy en un sendero cansada y calculando cuán atrás voy del que me sigue adelante (porque soy lenta y esta escena es muy común en mis entrenamientos y carreras), me cuestiono entera de por qué hago esto. ¿Quién me manda a levantarme a las 07:00am un sábado para ir a correr al cerro? Pero es increíble como en menos de 2 segundos, me auto respondo sola, ya que basta con levantar los ojos y mirar a mi alrededor. Por eso elegí el trail running por sobre el montañismo y la escalada, porque me pongo mis zapatillas y normalmente en pocos minutos estoy corriendo por senderos preciosos, viendo paisajes únicos que llenan el alma.

Me gusta correr porque a diferencia de muchos, yo no me desconecto, me conecto. Es corriendo cuando se me ocurren ideas, cuando siento que armo y desarmo mi vida. Cuando el desafío de probar que puedo me llena el alma. Como cuando llego al punto final o cruzo una meta. ¡Oh! Que sensación más satisfactoria y de felicidad que se siente. Placer culpable 100%. Dan ganas de llorar y reírse a la vez.

Corro (o mejor dicho, intento correr) por que me hace huir de la rutina. Me hace desafiarme y arriesgarme. Me conecto con mi niña interna y sueño a jugar todo de nuevo. Es corriendo cuando me vinculo con la naturaleza y me siento viva, y amo saber que la excusa de correr me ha llevado muy lejos, a paisajes que jamás pensé vería mientras corría.

Corro porque correr es una enseñanza diaria de logros y fracasos. Corriendo se gana mucho (también se pierde), pero en una balanza se dispara el monto ganador.

Hace unas semanas, después de un par de meses sin entrenar y corriendo muy poco últimamente, mi cuerpo empezó a revelarse. Yo no entendía bien qué le estaba pasando (aunque lo intuía), pero de a poco empecé a sentir tenía una guerra interna, y cuando me di cuenta me estaba auto boicoteando, decidí recomenzar. Imposible explicar lo que se siente. ¡Felicidad plena! Y es que mi cuerpo simplemente se acostumbró y ahora siempre lo necesita (con hernias y discopatía lo agradece igual) porque cuando no lo hago me lo hace saber y todo me duele. Volver cuesta, pero cuando tienes por delante una gran carrera, como lo es Navarino Trail; o un gran viaje como el que estamos organizando junto a mi querido Runology Project, las piernas comienzan a moverse solitas!

A veces cuesta un mundo salir, pero una vez en el sendero vuelvo a sentir esa libertad, esa energía y me alegro de haberme puesto las zapatillas.

En los viajes que hago, siempre intento correr aunque sea un ratito. Se descubren los lugares desde un punto de vista muy distinto. Y es que el trail running (y seguramente también el correr en calle y algún que otro deporte), es una forma y un modo, es un disfrute del deporte con paisajes increíbles. Por correr (y corriendo) he recorrido lugares increíbles, seguro algunos de los mas lindos del mundo. Y espero seguir haciéndolo con los que falten de la lista. Y es que correr en cerro para mi es una aventura en sí, es conocer, es olvidarse y reconocer. Es una forma de estar siempre en forma y en contacto con la naturaleza, ¡qué mejor!

Y como leí por ahí una vez: «Corro porque es una herramienta que me permite conocer lugares que no hubiera imaginado, lugares que a la distancia son inalcanzables pero con el tiempo y la práctica se vuelven tu patio de juegos» Matías Bull.

 

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